¿Estás enganchado/a las redes sociales?

Las redes sociales, y el uso de internet en general, están alterando la forma en la que nos relacionamos. Sin embargo, si ponemos consciencia sobre el uso que le damos, será más fácil que podamos poner límites cuando este uso se esté convirtiendo en perjudicial.

En primer lugar, es importante que sepamos que la dependencia neuroquímica que se crea con la utilización de las redes sociales, es similar a la que se genera con otras adicciones como el alcoholismo, la comida o el juego. ¿Te apetece que descubramos algunos de los aspectos implicados en el desarrollo de esta adicción? ¿Sí? ¡Pues vamos a ello!

¿Por qué las redes sociales enganchan?

Dopamina. La dopamina es el neurotransmisor (neurotransmisor, componente encargado de transmitir información entre neuronas) responsable de que nos conectemos de forma compulsiva. Ocurre porque la dopamina es la principal sustancia involucrada en la modificación de nuestros hábitos por su papel fundamental en el sistema de recompensa del cerebro. Esto quiere decir que cada vez que nos conectamos a las redes sociales, cada vez que nos dan un «like», nos dejan un comentario, se produce un «chute de dopamina». Especialmente, cuando la frecuencia de esos comentarios es variable, es decir, cuando no sabemos con qué frecuencia vamos a recibir un comentario, un like, etc. Además, si por un momento se nos olvida que esto puede ocurrir, las notificaciones de estas aplicaciones se encargan de recordárnoslo. No es un problema tuyo, sino que las redes sociales están pensadas para aprovechar nuestro funcionamiento neuropsicológico y crear adicción.

El placer de recompensa dura muy poco. La sensación placentera que experimentamos por ese chute de dopamina dura muy poco tiempo y nuestro cerebro enseguida nos pide más. Se trata de un placer instantáneo y vacío.

Otro aspecto que favorece el uso de las redes sociales, es que aparentemente nos proporcionan la oportunidad de satisfacer nuestras necesidades o carencias. Por ejemplo con el uso de filtros, podemos maquillar problemas de autoestima o complejos, ya que nos facilitan proyectar una imagen perfecta de nosotros mismos y de nuestra vida; nos permiten ocultar aquello que en la realidad no nos gusta. También nos ayudan a sentir que estamos supliendo nuestras necesidades de relación con los demás y a disminuir el sentimiento de soledad, que cada vez está más presente en la sociedad. Sin embargo, todo ello suele quedarse en el mundo virtual y no se traslada a nuestra vida real, lo que acaba produciendo una mayor insatisfacción, y nos impulsa a que nos volvamos a conectar para sentirnos mejor.

Mucha estimulación, con muy poco esfuerzo. A través de las redes sociales experimentamos emociones, placer (gracias al sistema de recompensa que explicábamos antes) y mucha estimulación visual y cognitiva, por la cantidad de imágenes, stories, información… que recibimos en tan solo unos segundos con el moviendo de un solo dedo. Mientras que en la vida real para llegar a esa cantidad de estimulación, emociones y placer se requiere mucho más esfuerzo. Cualquier cosa, nos cuesta más. Por ejemplo las relaciones sociales, o hacer una formación que nos interesa, o la lectura de un libro, o practicar un deporte, o viajar… Casi cualquier cosa que nos planteemos hacer, requiere de mucho más esfuerzo, y el problema, es que nos estamos desacostumbrando a hacerlo.

Estos son algunos de los motivos que favorecen que nos enganchemos a las redes sociales. Es importante que los tengamos en cuenta, ya que si no empezaremos a dejar pasar las cosas de la vida que realmente nos importan y nos generan verdadera satisfacción.

Ahora, si te apetece seguir acompañándome en este tema, vamos a revisar tres señales que nos pueden indicar que el uso de las redes sociales que estamos haciendo, se puede estar volviendo perjudicial.

¿Cómo puedes saber si el uso de las redes sociales se está convirtiendo en una adicción?

  1. Compulsividad. Si sientes que no puedes elegir libremente si continuas conectado a las redes sociales o no. Es decir, sientes muchas ganas de conectarte y no puedes evitarlo y, además, te cuesta salir de ellas.
  2. Sigues conectado a pesar de consecuencias no deseadas. A pesar de que preferirías estar haciendo otra actividad más provechosa o que te importa más, te cuesta salirte de la aplicación.
  3. Obsesión. Las redes sociales ocupan mucha parte de tu pensamiento. ¿Me habrán dejado algún comentario? ¿Cuántos «likes» tendré ya? ¿Qué habrá publicado x persona?… Así, tu mente sigue navegando por las redes, buena parte del día.

En definitiva, si tu uso de las redes sociales es muy frecuente, estás dejando de hacer otras cosas y cada vez la decisión de no conectarte te cuesta más, te animo a que te plantees si quieres seguir así y puedas tomar medidas.

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