¿No alcanzas los objetivos que te propones? No es culpa tuya…

¿Alguna vez te has planteado un objetivo y no lo has conseguido? ¿Cada comienzo de año o quizás cada lunes elaboras una lista, ya sea mental o escrita, de cosas que quieres conseguir, como ser mejor persona, llevar una vida más saludable, leer más, mejorar en el trabajo, hacer más actividad física, comer mejor…?

Si van pasando los días, meses e incluso los años, y sientes que no lo consigues, este artículo será de tu interés. Descubrimos las 10 claves para conseguir todo lo que nos propongamos.

Como dice el título del artículo, no es tu culpa que vaya pasando el tiempo y no alcances lo que te propones, el fallo está en lo que te propones, más que nada, porque lo anterior no son objetivos; podríamos llamarlo ilusiones, deseos, aspiraciones… Para llevar esos deseos a la práctica es importante que se trate de objetivos, y para ello, deben reunir las siguientes características:

  1. Ser específicos. Tienes que definir tu deseo en conductas concretas, es decir, en lo que tendrías que hacer exactamente para conseguirlo. ¿Qué significa para ti ser mejor persona? Quizás ¿Colaborar durante 12 meses y 50 euros en una organización benéfica? ¿Hacer voluntariado un día a la semana durante 1 año? ¿Llamar a tus padres/ abuelos/tíos/amigos dos veces por semana para interesarte por ellos? Tus objetivos deben ser específicos y, para ello, estar definidos en conductas concretas que no dejen lugar a dudas en cuanto a lo que tienes que hacer para conseguirlos.
  2. Medibles. Si tu objetivo es ser mejor persona ¿cómo sabrás que lo has conseguido? Para poder medirlo, tiene que ser cuantificable. Siguiendo con el ejemplo anterior, si te has puesto como objetivo llamar a tus padres 2 días por semana, podrás chequear si lo estás consiguiendo o no. Además, cuando nos ponemos objetivos es importante que establezcamos hitos de revisión para poder ajustar el objetivo si fuera necesario (tanto a la alza como a la baja).
  3. Alcanzables. Es fundamental que el objetivo que te plantees sea realista, puede ser retador, pero debes tener los medios para conseguirlo. Cuando nos ponemos un objetivo y no lo conseguimos, puede afectar a nuestro autoconcepto e incluso a nuestra autoestima. Por ello, lo primero es evaluar si tienes los recursos necesarios para alcanzarlo y, si llegas a la conclusión de que es demasiado ambicioso o alejado en el tiempo, es mejor que te plantees objetivos intermedios. Estas metas intermedias te ayudarán a mantener la motivación, aumentar la autoconfianza, e incluso, te servirán para ir desarrollando competencias que en un primer momento no tenías. Por ejemplo, si tu objetivo es hacer una hora al día de actividad física, pero en este momento no haces nada, es mejor que empieces por dos días a la semana para ir incorporando la nueva rutina a tu día a día y desarrollando el hábito. Al mes, revisas el objetivo y, si lo estás cumpliendo, puedes incrementar la frecuencia progresivamente hasta alcanzar el objetivo final. Por lo tanto, es importante conocer la línea base de la que partes, y a partir de ella, establecer el primer objetivo.
  4. Deben ser importantes para ti. Revisa si los objetivos que te pones son propios o surgen del deseo de satisfacer a otra persona, en cuyo caso, debes plantearte si quieres emplear tu tiempo y esfuerzo a cumplir los objetivos de otros. Ahí lo dejo…
  5. Es importante que estén definidos en el tiempo, que establezcas un plazo. ¿Cuál es el margen de tiempo en el que lo quieres conseguir? Pon fecha en el calendario.
  6. Negocia contigo mismo/a. Estamos acostumbrados a negociar con los demás para conseguir lo que queremos, en cambio, cuando se trata de nosotros/as tendemos a ser más rígidos/as. Entre el todo y el nada, siempre hay un punto intermedio, es mejor que nos planteemos un objetivo más factible, a paralizarnos ante un objetivo demasiado difícil y no hacer nada.
  7. Prevé imprevistos. Anticipa las barreras o problemas que puedes encontrarte y sé proactivo/a. Por ejemplo, si te has propuesto ir al gimnasio después de trabajar y al llegar a casa para cambiarte sabes que te entra pereza, quizás podrías llevarte la ropa al trabajo para ir directamente al gimnasio. La creatividad puede ser tu aliada.
  8. Ponte un objetivo cada vez. Cuando consigues un objetivo, tu autoconfianza y autoconcepto aumentan (percibes que tienes más recursos para alcanzar lo que te propones). También aumenta tu motivación, por ello, es preferible que avances de uno en uno, a que te pongas muchos y no los consigas, ya que esto puede afectarte negativamente.
  9. Define tu objetivo en positivo y… ¡Hazlo atractivo!. Siempre que sea posible, es preferible que los objetivos se definan en positivo. Por ejemplo, en lugar de plantearnos “no voy a tomar tarta de postre entre semana”, podemos decir, “voy a tomar fruta de postre entre semana” (conducta alternativa). Y si elegimos una fruta que nos guste especialmente, mucho mejor. ¡Disfruta consiguiendo tus objetivos!
  10. Si tienes algún objetivo que cumplir, empieza hoy. Si puede esperar, a lo mejor es porque no te importa tanto, entonces ¿qué tal si lo borras de la lista? Así la mochila te pesará menos y dejará espacio para lo que realmente es significativo para ti.

El correcto establecimiento de objetivos marca la diferencia, ya que es imprescindible para progresar con el rumbo que nosotros queremos. Y aplica tanto a nivel personal, profesional, como deportivo. ¿Para qué dejarse a la deriva cuando podemos llevar el timón?

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