¿Y si aprendemos a tolerar el dolor?

Antes de esta situación que estamos viviendo debido al coronavirus, parecía que vivíamos en una sociedad, en la que “nos vendían” la felicidad como máximo y único objetivo y así lo transmitíamos incluso nosotr@s mism@s, a través de las redes sociales. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Una realidad en la que nos encontramos más de 300 millones de personas en el mundo que sufren depresión (un trastorno que es la principal causa de discapacidad), y más de 260 millones de personas tienen trastornos de ansiedad, según la OMS en 2017. Las cifras de suicidio son aun más sorprendentes… ¡800.000 personas se suicidan cada año!

Y me pregunto… ¿Es cierta esa idea de felicidad que “nos vendían y que queríamos comprar? ¿Dónde está el problema y por qué las cifras nos hablan de otra realidad diferente, una realidad en la que muchas personas viven con depresión y ansiedad y, que algunas, ante la incapacidad de tolerar el inmenso dolor que experimentan, prefieren dejar de vivir?

El objetivo de este artículo, no es otro que el de concienciar sobre la necesidad de dejar de “comprar” algo que no es real, no es real ser feliz 365 días al año, 24 horas al día; a continuación os explicaré por qué:

  1. Porque hay hechos y situaciones que forman parte de la vida y que no son precisamente agradables: como la muerte de un familiar, tener una enfermedad, perder el trabajo, las rupturas sentimentales… No podemos evitar que ocurran.
  2. Porque en la medida que intentamos evitar las emociones que nos ocasionan estos acontecimientos, recordemos, acontecimientos que son inherentes a la propia vida, nuestras emociones se amplifican para hacernos llegar su mensaje, lo que nos produce más malestar aun. Si evitamos nuestras emociones, éstas resurgirán con más intensidad.
  3. Y porque en nuestro intento de evitar el dolor, acudimos a prácticas que, a medio y largo plazo, pueden provocarnos más sufrimiento y otros problemas. Como por ejemplo, evitar el malestar con el consumo de alcohol, con el tabaco, con comida ultraprocesada… Incluso, en un intento de expulsar ese dolor o angustia, a veces arremetemos contra las personas que más queremos. No sirve de nada que intentemos fingir que las emociones no están ahí. Y todo esto se produce, porque no nos han enseñado a aceptar, tolerar y expresar el dolor que inevitablemente vamos a sentir en la transcurso de la vida.

Es importante que dejemos de un lado la concepción de que hay emociones positivas y negativas; es cierto hay algunas que son más agradables que otras, pero todas, todas son necesarias, porque nos ofrecen información sobre nosotr@s mism@s, sobre cómo nos hace sentir lo que ocurre a nuestro alrededor, y ésta información, a veces tenemos que utilizarla para tomar decisiones. Por ejemplo, cuando nos sentimos solos, puede ser que lo que nos haga falta es tener más relaciones sociales o estar más en contacto con nuestros familiares; o cuando sentimos miedo, nos puede indicar que algo que queremos está en peligro y que debemos actuar para protegerlo. Otras veces, sin embargo, estamos tristes, y no tenemos que hacer nada con esa tristeza, porque ha ocurrido algo en nuestras vidas que nos produce dolor y es normal, tenemos que aceptarlo y expresarlo. Conectando con él, irá perdiendo intensidad.

Y en todo esto, hay algo muy positivo, y es que aunque cada un@ de nosotr@s tengamos en un principio un “nivel diferente de tolerancia a ese dolor emocional“, tod@s podemos aprender a tolerarlo, y debemos hacerlo, no nos queda otra.

Antes de terminar, me gustaría explicar lo que significa para mi la felicidad. En primer lugar , creo que la felicidad, no es el placer que experimentamos durante unos instantes tras hacer o consumir algo que nos gusta, para mí, la felicidad es el resultado que revierte del compromiso con nuestros valores, y efectivamente, de poder llevar una vida de acuerdo a ellos. Por lo tanto, la felicidad no se busca, sino que es consecuencia de actuar con coherencia, entre nuestras nuestras acciones y nuestros valores.

¿Algunas vez te has parado a pensar qué valores son importantes para ti y cómo tendrían que ser tu vida para que fuera coherente con ellos?

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